jueves, 31 de enero de 2013

Mi mejor amigo

¿Cómo determinamos quién debe llevar el título de "mejor amigo"?

No existe una fórmula matemática para eso. No existen parámetros establecidos. No existen leyes, constituciones o reglas que definan qué deberes y derechos tiene una persona catalogada como "mejor amigo".

Hay quienes dicen que los mejores amigos son los de la infancia, que perduran a través del tiempo, sin importar qué pueda ocurrir, las distancias que los puedan separar o los errores que puedan cometer. Otros consideran que los mejores amigos son aquellos que están ahí para acompañarnos en los momentos más difíciles, en las buenas y en las malas. Seguramente, para algunos, el mejor amigo es el que siempre puede darles un buen consejo y está dispuesto a escuchar y entender todo lo que nos ocurre.

Yo puedo hablar de mis mejores amigos. Y cada uno tiene unas consideraciones que los hacen pertenecer a lo que, para mí, es un círculo selecto. Curiosamente, entre ellos, no todos se llevan bien, y de hecho algunos ni se pueden tratar. Pero aún así, ellos para mí siguen ocupando un lugar especial. Considero que merecen una mención en este espacio porque, así como Roxy, ellos han sido quienes han evitado que caiga en la locura durante el tiempo de estar fuera y de extrañar todo lo que representaba mi hogar.

Daf. Desde pequeño me fastidió la paciencia, me hizo bromas pesadas, y de hecho hubo la oportunidad de quitarnos el habla. Pero al final del tiempo, siempre hemos sabido solventar los problemas, y estar ahí cuando ha sido necesario. Nunca olvido cómo sabes salir de la rutina, y de hecho, cómo has sabido sacarme de la rutina. Los viajes a Cuyagua, freelines y longboard en Altamira, unas birras por valencia, y que tu casa y mi casa  no tengan distinción, son solo algunos de los recuerdos que atesoro. Un gran abrazo el mío.

Anna. Madre, te digo por cariño. Has estado para mí desde el 2007. Al principio me odiaste, pero no olvidaste cómo nos conocimos afuera de biblio...luego me amaste...luego me volviste a odiar, y mucho...y finalmente, el amor y el cariño volvieron. Hemos pasado por momentos difíciles, buena parte provocados por mí. Pero sin embargo, sabia eres, y has sabido manejar y entender la inmadurez. No te olvido nunca, ni un solo día...

Johi. Hermano Pérez, hijo de otra madre, pero altamente querido. Hermanos de armas, de metal, de playa. En las buenas y en las malas, para celebrar o para llorar, siempre has tenido una frase para equilibrar las cosas, una canción para alegrar el día, y un chiste para subir el ánimo. Desde 2007 también has estado presente, y a pesar de que me conociste en uno de mis peores momentos, supiste ver que eso pasaría y daría lugar a cosas mucho mejores para ver. Gracias por todo.

Milo. Hermano Torres, hijo de otra madre al igual que Johi. Lo primero que debo hacer es agradecerte la bienvenida al nuevo ambiente al que no quería llegar, y que terminé amando tanto como mi bella Sartenejas: el Litoral. Has sabido ser un excelente Padawan, pero has resultado también ser un gran Maestro. Consejos, nunca faltaron. Tampoco faltó que supieras escucharme. A mis padres Marion y Manuel, el mayor de los cariños y respetos.

Rox. Eres primeramente la amiga que no esperaba, y eso me encanta, porque tu amistad ha sido de las más importantes. Conmigo has tenido apertura que no le otorgas a muchos, has tenido confianza y lealtad. Somos de esos amigos que no necesitan presentación, de los que llegan a tu casa sin avisar, pero que tienen puerta abierta. Somos de los que nos podemos contar las cosas sin hablar mucho, y que sabemos cuando el otro necesita un mensaje de ánimo. Tu y yo tenemos una conexión particular, y que va más allá de cualquier persona. Un abrazo inmenso.

Natalia. Enigmática, reservada, y de gran corazón. Supiste ver en mí por encima de lo que proyectaba. Fuiste capaz de ver al Félix que llegó de otro país, aunque hacía tiempo que ese chico no estaba. Fuiste capaz de ver la esencia, lo que había debajo de la corteza. Y aceptaste y quisiste al tipo que conociste entonces. Has sido capaz de darme tranquilidad. Y también de hacerme ver mis errores. Gracias por todo eso. Y más aún, gracias por no dejarme caer y por creer en mí cuando todo pareció hundirse.

Los amigos son la familia que uno escoge, y que está por encima de las circunstancias. A ustedes es a quienes quiero conmigo en los momentos más importantes. A ustedes es a quienes llevo conmigo 24/7, a donde quiera que voy. No siempre se los digo, si es que se los he dicho, pero la verdad es que la vida para mí no sería lo mismo sin ustedes. Gracias por formar parte de mi vida, y por permitirme llevarlos en la mente y el corazón sin importar cuan lejos esté.

Lo que no te mata...

...te fortalece...así dice un dicho popular, y he aprendido que es cierto. Pero a veces, fortalecerse de golpe puede ser peligroso. Por una parte, no mides tu propia fuerza y puedes dañar a otros, y al mismo tiempo, puede que creas que eres más fuerte de lo que realmente eres, lo que eventualmente te hará bastante vulnerable y propenso al fracaso.

Hay que saber identificar cuáles son nuestras fortalezas y debilidades en cada momento de nuestra vida, porque estas variables cambian constantemente en el tiempo. Lo que no podía lastimarte cuando eras más joven, quiza ahora puede causarte un daño irreparable. Y de la misma manera, lo que antes era un punto débil, puede haberse convertido mediante un trabajo sostenido en una gran fortaleza.

El primer semestre en el Externado suponía un reto por las condiciones en las que me encontraba emocionalmente. Dolido por la partida de la patria, lejos de mis amigos, mis familiares, mi novia, mis costumbres y rutinas, y particularmente, lejos de mi amada universidad, me hacían tan peligroso como un león herido. Durante ese primer semestre fui bastante sobresaliente dentro de la institución, ganándome el respeto de los profesores, la envidia de algunos estudiantes, y un par de buenas amistades. Ese primer semestre terminó de forma bastante exitosa. Y aquí es en donde entra el dicho con el que inicia esta nota: no solo no conocía mis fortalezas, tampoco conocía sus límites. Y eso, posteriormente, se convertiría en mi ruina.

Mis fortalezas no existían en el 2006, pero mi querida USB me permitió desarrollarlas: la capacidad de trabajo y dedicación, la perseverancia por la consecución de un objetivo, y las capacidades de análisis y comprensión de mi entorno. Mis debilidades, por otro lado, venían de tiempo atrás, pero no las había identificado...y no las identificaría hasta un tiempo después, cuando las cosas se pusieran complicadas: la soberbia, el ego y la impaciencia. Estas tres combinadas, y en cantidades elevadas, son sustancias muy venenosas para el alma, potencialmente mortales. Pero no comprendería eso hasta después de pasados dos años...

Lo que no te mata te hace más fuerte...pero si no tienes cuidado, tus fortalezas pueden matarte...

Sobre Roxy

Sobre Roxy puedo hablar durante horas...de hecho, puedo hablar de ella durante meses. Sin embargo, dedicaré unas líneas solamente, que son las que considero necesarias para el mundo.

Todos, en algún momento de nuestra vida, tenemos a una Roxy. O a un Roxy...ustedes dirán...pero en un momento dado todos tenemos al lado a una persona que se convierte en lo mejor del mundo para nosotros:

Roxy es mi gran amiga. La conocí meses antes de tomar el vuelo que me llevaría lejos de casa. Rápidamente nos convertimos en confidentes, en compañeros de juegos, en amigos de la vida. Aprendimos a conocernos, respetarnos y valorarnos por lo que éramos, por lo que aspirábamos y por lo que nos esforzábamos. Supimos decirnos en todo momento cuando uno de los dos estaba cometiendo una equivocación. Al poco tiempo de irme, el 20 de junio de 2010, decidimos que queríamos tener una relación que fuera de más que amigos. Y la verdad, si algo puedo agradecer a la vida, es que me haya dado esa valiosa oportunidad. Estando en el exilio, ella era la persona que me mantenía los ánimos en alto.

Roxy para mí fue, durante un año y tres meses, mi roca sólida. Era la persona con la que me podía apoyar de forma incondicional. Era mi compañera de aventuras, mi dosis de cordura en medio de mis múltiples arranques de locura. Era mi guía, y por sobre todo, era mi gran amiga.

Como nada en esta vida es eterno, nuestra relación como pareja se terminó...y pasamos tiempos difíciles, cada uno a su manera. Sin embargo, a pesar de todo, los buenos amigos perduran en el tiempo, y los buenos recuerdos, aunque a veces duelen, nos llevan a momentos que nos llenan de paz, de alegría y de energía.

Roxy, creo que nunca te daré las gracias de forma suficiente por todo el cariño y dedicación que entregaste, y que de cierta forma, aún sigues entregando cuando sabes que hace falta. Gracias por todo.

En el principio...

La madrugada del 15 de junio del año 2010 dio inicio al día más difícil que puedo recordar. Despertar a las 4 de la mañana para ir al aeropuerto no fue un problema...esa noche simplemente no pude conciliar el sueño. Y es que, estar a horas de abandonar el país al que siempre llamaste hogar, de abandonar todo lo que conoces - amigos, familiares, ciudades, carreteras, cultura, gente -, no es algo fácil de digerir. Y más aún si en realidad no quieres irte.

Meses antes vi partir a mis padres junto a mis hermanos. Meses antes los visité en su nueva morada. Meses antes dije que no me iría. Y sin embargo, las circunstancias habían cambiado, y nuevas decisiones fueron tomadas. Todos dijeron "tienes un mundo de oportunidades por delante", pero por aquel entonces no se sentía de ese modo. Me sentía como un traidor a lo que más amaba. Llegar a ese nuevo lugar no fue fácil. Llegué dando problemas, queriendo volver y sin ánimo alguno de conocer a nadie, ni de conocer nada de ese lugar.

Es difícil estar en un ambiente nuevo, conocer gente nueva. Pero más difícil, en ocasiones, es agradecer las oportunidades de cambio que se nos ponen por delante, y asimilarlas con valentía y determinación, para muchos, es un imposible. Tardé más de dos años en iniciar este diario, un poco porque no estaba listo para dejar salir estas emociones, un poco porque los recuerdos, con más frecuencia de lo que nos damos cuenta, nos pueden traer mucho dolor. Recordar todo lo que dejé es algo que hago a diario, porque es precisamente eso lo que eventualmente ha de llevarme de vuelta a casa.