lunes, 4 de marzo de 2013

Música

Desde que puedo recordar, la música ha estado presente en mi vida...de pequeño, cuando vivía en el centro de Caracas, y luego al mudarme a Guarenas (Edo. Miranda), tuve mis primeros contactos con la música gracias a que mi mamá me llevó a lecciones de piano. Uno de los regalos que me hicieron mis papás en esa época fue un teclado Yamaha que aún conservo y uso ocasionalmente.

Sin embargo, cuando nos mudamos a Valencia (Edo. Carabobo), mi inclinación al piano no era tan intensa como sí lo era por un instrumento que, aunque entonces no lo aprendí a tocar, sé que un día me animaré a hacerlo. Se trataba del violín. Pero en la Orquesta Sinfónica de Carabobo necesitaban vientos metales, así que terminé tocando corno. Y me encanta su sonido. Pero por indisciplinado me fui, porque me parecía muy rígido, y entré a la banda del colegio, en donde comencé a tocar trompeta. Fueron buenos años.

Cuando entré en la USB, fue cuando aprendí a tocar guitarra, y además, fue cuando me encontré musicalmente dentro de un estilo con el que me identificaba y me sentía realmente cómodo. El rock, en todas sus variables, hoy hace parte de mi vida, y me trae además los mejores recuerdos. Y últimamente además siento que me mantiene atado a la realidad, me mantiene con los pies en la tierra.

Hoy que me encuentro viviendo fuera de casa, fuera de mi hogar, la música me mantiene en sintonía con todos mis recuerdos. Amigos, salidas, fiestas, noches de estudio, tardes de ocio, todas han tenido el elemento musical de por medio, y la verdad podría armar una banda sonora de la película no terminada de mi vida. Espero poder compartir siempre lo que armoniza mis días con las personas que hacen de mi vida un lugar tan grato, aún cuando se encuentren lejos físicamente.

No hay suficiente música en el mundo para escuchar en una vida, pero no alcanza una vida para oir todo lo que vale la pena.

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