A veces es fácil creer que los únicos extraños que se cruzan en nuestro camino son aquellas nuevas personas con las que nos cruzamos cuando cambiamos de locación, o cuando transitamos por la calle.
La verdad, a veces hay personas que conocemos, que hacen parte de nuestra vida, y que de un momento a otro, sin saber por qué, se vuelven completamente extrañas a nosotros. Como si nunca hubieramos entablado contacto. Como si fueran una persona de la que nos hablaron, o sobre quien leímos en la prensa, o vimos en televisión.
La gran pregunta es por qué se convierten en extraños de nuevo. Y de hecho, por qué nos convertimos en extraños para ellos. Personas con las que compartimos conversaciones, tragos, comidas, sonrisas, malas caras, eventos, lugares...personas con las que teníamos afinidad de algún tipo, de pronto vuelven al otro lado de la línea. Y peor, porque normalmente, cuando se convierten en extraños, uno de los dos no quiere volver a conocer al otro, como si fuera doloroso o dañino conocer a esa persona de nuevo.
A mí en particular me gustaría conocer a mis extraños. Me gustaría saber quienes son ahora, en qué se han convertido, cómo han cambiado. Porque después de todo, ya ellos no son quienes solían ser, y seguramente las razones por las que antes hubo afinidad, y también por las que volvimos a ser extraños, ya no están ahí. Son personas completamente diferentes, como seguramente también yo lo soy.
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